CONTROL Y GESTIÓN

05 Jul

CONTROL Y GESTIÓN

Lo que le toca al nuevo Contralor.

Toni Negri en un artículo denominado corrupción, nueva acumulación y refeudalización (2010) señaló que “Hoy el proceso de “refeudalización inviste – imponiendo un brusco freno al desarrollo – a la forma Estado, modificada ya, por otra parte, por la materialidad de los procedimientos de la governance. Y cuando los conflictos se desarrollan, se organizan y culminan al interior de la governance, sedimentan funciones específicas y cúmulos individuales de poder. Aquí se originan los poderes neofeudales de los cuales hablábamos. En los conflictos resumidos en las formas y en las prácticas de la governance, se da respuesta a estos problemas; quién manda, de qué modo y sobre qué redes manda”.

Esta cita nos plantea una explicación del porqué se generó el triste espectáculo que durante los últimos meses brindaron Ministros de Estado y el Contralor General de la República y que llevó finamente a la renuncia y pérdida de confianza de los Ministros Vizcarra y Thorne y la destitución del Contralor Alarcón; dicha explicación no sería otra que la lucha casi feudal por el ejercicio del poder dentro de la administración pública nacional; lucha que amenazaba convertirse en la principal traba a la governance nacional y que todavía podría afectarla, si el nuevo Contralor no fija de manera clara el alcance de las actividades de control sobre los actos discrecionales de la administración pública.

Los denominados actos discrecionales son aquellos donde la ley no indica como deben hacerse las cosas y que “son una herramienta para que el ente administrativo realice una gestión acorde a sus necesidades”, conforme así lo señaló el Tribunal Constitucional en la sentencia Callegari Herazo; lo que no viene a ser otra cosa que la expresión de la capacidad de decisión y acción que tienen los funcionarios públicos para conducir la cosa pública conforme al nivel de su cargo y que por definición, al más alto nivel, se encuentra sujeto a un control de tipo político.

Es aquí donde se expresa el conflicto entre las entidades, toda vez, que la Contraloría ha venido ejerciendo su rol no solo en el control de los actos reglados sino también en los actos discrecionales; es cierto que hay muchas zonas grises entre ambos tipos de actos pero en la práctica, a pesar que la naturaleza del control gubernamental es legitimar o corregir los actos de la administración pública y como última ratio, de encontrar la presunción de conductas dolosas (diferente al ejercicio del fuero discrecional) denunciar a los funcionarios, el accionar de Contraloría ha recaído en estas zonas grises.

Por eso es necesario que el nuevo Contralor encause el trabajo de la entidad para evitar el riesgo, como señala Negri, de frenar el desarrollo en nombre de los procedimientos del Estado, ningún funcionario se sentirá seguro de tomar una decisión, acción de gestión, innovar o buscar mejores soluciones, por temor a ser observado y sancionado por La Contraloría que tiene el doble rol de juez y parte si ambos campos no están debidamente delimitados.

Por otro lado, el nuevo Contralor deberá iniciar el proceso de redimensionar y optimizar la entidad, es saltante que Contraloría tiene hoy en día más trabajadores que un ministerio, 2655 según la información colocada en su página de transparencia, pero La pregunta sería ¿Qué tan eficiente es la Contraloría?; si tenemos que otro de sus roles es velar por el grado de eficiencia, eficacia, transparencia y economía en el uso y destino de los recursos y bienes del Estado, diríamos que es nada eficiente porque no ha logrado en toda su historia, brindar elementos para identificar la gran corrupción que campea alrededor de la administración pública a nivel de gobiernos locales, regionales o nacional; si bien una cosa son las actividades de control y otra la lucha contra la corrupción, ambos esfuerzos se concatenan y lo que se ha comprobado es que los grandes casos por corrupción se descubrieron por denuncias del extranjero o denuncias periodísticas nacionales y no por acción o intervención de La Contraloría.

Otro tema que el nuevo Contralor deberá revisar es el sistema de contratación y designación de las Sociedades Auditoras para la ejecución de las acciones de control, más de una vez se ha cuestionado la idoneidad de las mismas, al asignar profesionales sin el perfil profesional adecuado para analizar determinados campos de acción en la administración pública; este un sistema que por su propio alcance y recursos, también es pasible de corrupción, por lo que debe ser profundamente revisado, pero ¿Quién controla a los que controlan?

Por dicha razón, el nuevo Contralor deberá contar con el perfil de un Gestor Público Eficiente con experiencia real en la gestión pública ocupando altos cargos en la Administración para que entienda la problemática del control de los actos discrecionales; capacidad de armar equipos de trabajo que lo acompañen en la gestión para refrescar y darle un nuevo impulso a la gestión de La Contraloría y sobre todo capacidad de decisión para cambiar lo que deba cambiar.

Es claro que el control no puede relajarse en ningún campo pero esto no debe implicar inmovilizar la administración pública; el control y la gestión son las dos caras de una misma moneda, parafraseando el viejo axioma “lo que no se puede controlar no existe” ¡Bienvenido Contralor!

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